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Cura peruano del Opus Dei

    Cipriani, intolerante
    El arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, ha prohibido que el padre Gastón Garatea ejerza el sacerdocio. Es abuso.

César Lévano / diariolaprimeraperu.com
Las normas del Derecho Canónico mandan que se cumplan, contra un sacerdote en falta, ciertas reglas: corrección fraterna, amonestación y, finalmente, exposición por escrito de las causas que expliquen la suspensión. Nada de esto ha ocurrido.

Cipriani cura fascistaComo es bien sabido, Cipriani proviene del Opus Dei, la organización fascista que cubrió con el manto religioso a Francisco Franco, el dictador asesino de España, que ascendió al poder gracias al apoyo bélico de Hitler y Mussolini.

En realidad, el crimen que se le conoce a Garatea es su opción por los pobres. La mayor “virtud” que se le conoce al Opus Dei es su opción por los ricos.

Garatea nació el Lima, en 1940. Estudió en el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima. En Chile cursó Teología y se ordenó sacerdote de la Iglesia Católica. En el Perú fue presidente de la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza y es asesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú en temas de Responsabilidad Social.

Quizá por esto último Cipriani lo quiere arrojar de los templos. No todos se han percatado de que en la lucha de Cipriani por adueñarse de la Católica se refleja un conflicto de escala mundial dentro de la Iglesia: el del Opus Dei contra los jesuitas.

En muchos países se libra esa guerra en que los curas reaccionarios más recalcitrantes se enfrentan a los sacerdotes que asumen el cristianismo como una fe que incluye el amor por el prójimo, sobre todo por el más desamparado. Esta es una guerra planetaria, solapada, silenciosa, pero implacable.

Una caricatura de Carlín ayer en La República me trajo a la memoria un poema de ese poeta y novelista soberano que fue Víctor Hugo. Figura en el libro Les chatiments (Los testigos) y se titula: Palabras de un conservador a propósito de un perturbador. Algún día lo traduciré completo y lo publicaré con dos poemas asombrosamente afines a los versos de Hugo. Uno es de un peruano; el otro, de un ruso.

Escojo algunas líneas del poema hugoliano:

Él iba perorando, desquiciando la familia
Y la religión, y la sociedad;
Minaba la moral y la propiedad;
El pueblo le seguía, dejando al campo yermo;
Era muy peligroso. Atacaba a los ricos,
Halagaba a los pobres, afirmando que en la tierra
Los hombres son iguales y hermanos, que no hay
Grandes ni pequeños, ni amos ni esclavos…
Contaba esos horrores a los mendigos
Sin capa y sin sandalias.
Había que acabar con él, las leyes son formales.
Lo han crucificado…

-Pero ¿de quién habla usted?, pregunté.
-¡Vaya! de ese vagabundo que llaman Jesucristo.

Víctor Hugo, que defendió a los obreros derrotados de la Comuna, que imaginó los derechos de autor, la unión de Europa, veía hondo y lejos.

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Bolivia: Oportunismo

    La oposición no tiene un discurso sólido, por lo que no le queda otra que colgarse a cualquier conflicto

Reymi Ferreira / la-razon.com
Los conflictos que algunos sectores alientan y que han generado congestión del tráfico en varias ciudades del país, agresiones, marchas y la paralización de los servicios de salud, del transporte, del sistema universitario, son conflictos que obedecen a determinadas demandas de los sectores de la sociedad, que en algunos casos pueden ser legítimos, pero que en otros obedecen a una óptica economicista, que no obedece a los intereses generales de la sociedad boliviana.

Los entes gremiales que aglutinan a esos sectores tendrán sus razones, y consideramos que habrá que analizarlas en esa perspectiva.

Oportunistas Juan SamuelLo que nos parece cuestionable es la actitud oportunista de algunos dirigentes políticos de la oposición y del aparato mediático-empresarial que los secunda (o los impulsa), que buscan desgastar el régimen político imperante y crecer políticamente.

Esto es absolutamente legítimo, siempre y cuando sea una adhesión coherente y sincera a lo que se pide y no la grosera y abierta manipulación de conflictos sectoriales a los que estos dirigentes se cuelan.

Es tal la carencia discursiva de la oposición conservadora, que se aferra a cualquier conflicto para apoyarlo aunque a veces hasta sea contradictorio con sus posiciones e intereses.

De ahí que no resulta raro que los que no dijeron nada cuando los madereros de Santa Cruz depredaron medio país, ahora se conviertan extrañamente en furibundos ambientalistas y defensores de los pueblos indígenas a los que siempre desconocieron en sus derechos.

Resulta gracioso y hasta un insulto a la memoria que exministros neoliberales ahora apoyen abiertamente las acciones de la COB en su demanda de un incremento superior al 8%, cuando en el pasado eran inflexibles en mantener las drásticas medidas del 21060. Pese a que saben que un incremento superior al 8% obligará a cerrar cientos de empresas y a generar una crisis inflacionaria, no vacilan en apoyar estas medidas por simple interés político.

Ahora nos sorprende que algunos de estos dirigentes y empresarios apoyen a las universidades para que tengamos un sueldo superior a los 15.000 bolivianos, cuando en los gobiernos del pasado, muchos de estos exministros se negaban a otorgar incrementos al soporte presupuestario, lo que nos obligaba a marchar para evitar el cierre de las universidades.

La verdad que la impostura da para todo, pero lo que sí queda claro es que la oposición no tiene un discurso alternativo sólido, por lo que no le queda otra que colgarse a cualquier conflicto y atraer agua a sus molinos, al precio que sea, y aunque lo que se pida sea diametralmente opuesto a sus discursos y prácticas del pasado y del presente.

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Bolivia: Comunicadores y periodistas

    Profesión: periodista

Alfonso Gumucio Dagron. Periodista y escritor

    Los estudiantes de ahora no me permiten suponer que el periodismo en Bolivia será mejor en el futuro, sino cada vez más mediocre y oportunista.

prensaEl debate sobre el derecho a ejercer el periodismo tiene muchas aristas y no es nuevo. Los colegios profesionales suelen actuar como filtros para impedir que los ciudadanos sin título se desempeñen en este oficio, pero esa posición es precaria, en la medida en que la democratización de los medios y el derecho a la comunicación ganan terreno.

En Bolivia se ha reabierto la discusión, y dos posiciones encontradas se manifiestan nuevamente: los que no admiten que el periodismo sea ejercido por personas que no tienen un título profesional, y los que defienden el derecho a la comunicación de todos los ciudadanos.

Pertenece al primer grupo la “Plataforma de defensa del ejercicio profesional de la comunicación social”, documento firmado por varias instituciones académicas de Cochabamba, donde se afirma con exceso de mayúsculas que “el periodismo no es un oficio”, y que a los periodistas que trabajan en los medios de información debe exigírseles un título profesional.

En el segundo grupo, en el que me incluyo, está entre otros José Luis Exeni, reconocido especialista de la comunicación, quien afirma algo que suscribo en todas sus palabras: “la comunicación e información, esos derechos humanos fundamentales de la ciudadanía, son demasiado importantes como para dejarlas libradas al monopolio de comunicadores y periodistas.”

Mi opinión sobre el tema es la de alguien que ha ejercido y ejerce el periodismo de opinión sin tener un título. Lo he hecho durante casi cinco décadas, desde que estaba en la secundaria, y he publicado cerca de 2.000 artículos en más de 200 publicaciones periódicas en Bolivia y otros países de América Latina, en América del Norte y en Europa, así como en Asia y África. Fui corresponsal de varias publicaciones y soy aún miembro de consejos editoriales.

En Bolivia, además de haber escrito en una veintena de diarios, revistas y páginas web, he sido miembro de la Asociación de Periodistas y del Sindicato de Trabajadores de la Prensa. Incluso ocupé cargos en alguna directiva, y nadie objetó que yo no tuviera un título de periodista. En resumidas cuentas, tengo una trayectoria que muchos periodistas titulados quisieran tener y, francamente, no me quita ni me pone que algún cuerpo colegiado me diga si soy periodista o si tengo derecho a ejercer. Esa es una decisión que deben tomar los directores de los medios que publican mis textos.

El tema de fondo, es la calidad profesional de los periodistas, y mi argumento es que los que salen titulados no son necesariamente mejores que los otros, es más, son peores.

José de la Colina dice que “uno sólo empieza a escribir cuando deja de redactar”. Ciertamente, no espero que los periodistas sepan escribir, pero que al menos sepan redactar, pero lo que constato todos los días es que los nuevos periodistas, titulados y de carrera universitaria, redactan y hablan torpemente. Eso no dice bien de sus profesores, pero no quiero echarles la culpa a ellos, porque tengo la impresión de que la batalla está perdida por otras razones.

Para empezar, hay que tener madera para ser un buen periodista. Creo que la baja calidad de los profesionales titulados actualmente se debe a que no tienen el temple necesario para ejercer el periodismo, que ahora se diluye bajo el rótulo de “comunicación social”, y que se ha convertido en una carrera de moda. Las escuelas, facultades y carreras de periodismo se multiplican como hongos, y la demanda crece como espuma, porque es un título “fácil” de obtener. No doy un centavo por el 90% de los estudiantes que llegan a las aulas con la intención de ser periodistas. En el mejor de los casos, uno de cada diez será un profesional competente. Los estudiantes de ahora no me permiten suponer que el periodismo en Bolivia será mejor en el futuro, sino cada vez más mediocre y oportunista.

Los periodistas de largo oficio solíamos decir de los novatos sin iniciativa, que eran “colgandijos” porque su labor de reporteros se limitaba a estirar el brazo y poner la grabadora lo más cerca posible de algún político que ofrecía una opinión, mientras otros colegas con experiencia hacían las preguntas. Ese perfil mudo e inseguro (o también temerario pero mediocre) abunda, lamentablemente.

A lo largo de los años he coleccionado experiencias amargas con estudiantes de periodismo, y a veces las he narrado como ejemplos. En Sucre, por ejemplo, durante una conferencia frente a un centenar de estudiantes de “comunicación social” de la docta Universidad de San Francisco Xavier, pude constatar luego de unas pocas preguntas, que muy pocos, por no decir ninguno, tenía la menor idea de quien era Luis Espinal, Marcelo Quiroga Santa Cruz o Jorge Sanjinés, cuyos nombres aparecen regularmente en los medios y en las conversaciones.

No hace mucho tuve una experiencia similar en La Paz, cuando un profesor, amigo de larga data, me invitó a conversar con sus estudiantes sobre comunicación y cambio social. Pocos minutos después de comenzar me invadió nuevamente la sensación de que estaba hablando en un idioma codificado, ya que muy pocos en la audiencia parecían entender lo que yo estaba diciendo (y ojo, que no soy de los que habla o escribe “en difícil”).

Como lo he hecho en otras ocasiones, comencé con una cita de Kafka, que me gusta por venir de quien viene: “Es fácil escribir recetas, lo difícil es comunicarse con la gente”. Luego hice el análisis histórico y comparativo de los enfoques de comunicación jerárquica y participativa, y mencioné el informe MacBride, la Unesco, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y alguna otra referencia esencial; pero nadie había leído ni conocía siquiera por referencias el informe de la Unesco, y apenas dos o tres en el salón estaban al tanto de los ODM de Naciones Unidas.

Semanas después mi amigo profesor me comentó que en los resúmenes sobre mi charla un estudiante escribió que Kafka era un líder de los movimientos de liberación en África, y otro, que se trataba de un personaje de la Segunda Guerra Mundial.

El hecho de que se tratara de alumnos recién ingresados a esa universidad, no constituye una excusa, pues supongo que antes ya habían cursado la secundaria, la mayoría de ellos en colegios privados.

La curiosidad debería ser un atributo básico y esencial en cualquier joven y sobre todo en aquellos que pretenden convertirse en periodistas. Curiosidad que a esa misma edad nos llevaba a devorar libros, revistas, periódicos, y a estar informados sobre lo que pasaba en el mundo o en el barrio. Y eso que no teníamos ni computadora ni internet.

Los nuevos talismanes tecnológicos y las prótesis electrónicas que adornan hoy como joyas de nuevo cuño a los jóvenes estudiantes, así como su habilidad en el uso de los recursos digitales, parece que sirven poco a la hora de conocer siquiera superficialmente lo que pasa en el mundo. Un peligroso autismo colectivo los lleva a utilizar los instrumentos como anteojeras, sin una perspectiva panorámica.

Ciertamente, hay que estudiar mucho para ser un bien periodista y más aún para convertirse en un especialista de la comunicación. Pero esto no significa que quienes no tienen certificados de grado y maestrías no puedan ejercer libremente su derecho a comunicar. La propia capacidad de quienes ejercen el oficio debería ser un parámetro suficiente para que en un proceso de selección natural, avancen los mejores. Si yo fuera director de un medio de información, preferiría a un periodista comprometido y creativo sin título, que a uno flojo y mediocre con título.

En varias ocasiones, en artículos y en conferencias, he subrayado la importancia de “jerarquizar” mediante maestrías y doctorados la profesión de los comunicadores para el cambio social, pero no con el objetivo de crear una élite de especialistas arrogantes, sino de poner un pie firme en los niveles de decisión desde donde se dirigen y deciden los programas de desarrollo. Pero, insisto, ello no debería excluir a quienes se han formado en la práctica y que valen por su experiencia y su compromiso.

Si hago una revisión somera de los colegas periodistas que aprecio y admiro, probablemente el 80% ha ejercido sin un título de periodista, pero posee algo que es más importante, la pasión por el oficio y una experiencia que podríamos calificar de “política” (en el sentido de participación ciudadana en la construcción de la sociedad), de la que carecen muchos de los profesionales graduados.

Además, el ejercicio del periodismo no se agota en los periódicos, emisoras de radio o estaciones de televisión comerciales, porque tiene que ver con un derecho ciudadano, el derecho a la comunicación. ¿Qué pasa, por ejemplo, con las radios comunitarias? ¿Alguien tiene alguna autoridad moral para impedir que en las radios mineras o en las radios campesinas ejerzan como periodistas colegas que carecen de un título académico?

Si hacemos un poquito de memoria, las radios mineras mantuvieron informada a la población boliviana, a costa de las vidas de sus trabajadores, en momentos críticos como el golpe de García Meza en 1980, cuando los medios de información de las ciudades habían sido clausurados o funcionaban sometidos a la censura militar. ¿Alguien osará impedir a las radios comunitarias que contraten al personal que les venga en gana, de acuerdo a sus necesidades?

Por lo menos deberíamos estar agradecidos y reconocer que en las gestas más importantes del periodismo boliviano, han sido los ciudadanos quienes han ejercido el periodismo y defendido el derecho a la comunicación con un valor y una integridad moral que no es frecuente en muchos periodistas titulados.

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Aunque el mono…

    De pilchas y monos

Édgar Arandia / la-razon.com
En el siglo XXI, uno de los rasgos que moldea su segunda década es precisamente lo fashion, o la moda que usa como un soporte el cuerpo, que cambia tu look para convertirte en otra cosa, en lo que deseas que la gente vea en ti.

Esta furiosa vertiente de la enajenación ha generado una industria millonaria, que dicta la moda en el mundo, con un aparato de marketing que permite ingresar al subconsciente de la gente para que —al estimular el deseo— compre y se ponga flaca para estar in.

El mercado para las mujeres es inconmensurable. Desde chucherías mil para los dedos y orejas, hasta el piercing para perforarse el cuerpo. La vanidad del hombre también tiene su amplio escenario de cremas, marcas y otros trapos.

Hasta aquí hemos empleado cinco palabras en inglés que denota el poderío cultural del imperio para reconducir su hegemonía a través de la moda y su aparato de promoción.

Mucha gente resuelve este problema yendo a comprar ropa europea y norteamericana de segunda mano, a la feria de la 16 de Julio. Gente pobre y gente no tan pobre, en un estado hipnótico, escogen de inmensas talegas, ropa de marca o trucha fabricada en la China.

Hace una semana, un diplomático de tez blanca y vestimenta indígena comentó que en una conocida firma bancaria sufrió discriminación al ser atendido.

Vale decir que esta vez no fue la pigmentación sino su vestimenta lo que nos lleva a construir un refrán plurinacional: “Aunque seas blanco, tu traje no entra al banco”.

mujer andinaIndagamos en el Viceministerio de Descolonización si existe algún programa que sea transversal a la currícula de la educación básica para cimentar una cultura plurinacional de mutuo respeto y tolerancia, y no encontramos nada. La Ley Contra el Racismo y toda forma de Discriminación, que puede ser interpretada de múltiples maneras, no resolverá el problema.

El origen del racismo tiene diversas raíces que proceden desde el dominio y exterminio de una cultura por otra, las crisis económicas profundas (como la que vive España) y cuyo resultado inmediato es la xenofobia contra los inmigrantes a los que consideran una competencia ilegal por los puestos de trabajo. Todos sabemos que un instrumento poderoso para luchar contra esta perversa práctica es a través de la educación en todos los niveles; sin embargo, en seis años de gestión, todavía no vemos los resultados.

Una de las maneras de sortear y enfrentar la discriminación en nuestro país ha encontrado en el soporte de lo fashion una estratagema que, por muy creativa que sea, funciona a medias.

Las fraternidades folclóricas consideran de suma importancia al traje. Tal es así que los componentes deben tener uno para los ensayos y otro para la entrada; hombres y mujeres se uniforman para mostrarse al público. Muchos están orgullosos de haber invertido una buena suma de dinero con los sastres caros, pero en el fondo se imita al discriminador.

Así, algunos fraternos se vanaglorian de sus pilchas, porque en las oficinas públicas si el funcionario te ve con un atuendo sencillo, supone que eres un analfabeto al que puede humillar y engañar desde su escritorio, al que considera su trono. Y si te ven la cara cobriza y con pilcha cara, para sus adentros dicen: “Aunque el mono…”. El podercillo los blanquea.

Somos capaces de imponer nuestra propia moda en las entradas folclóricas, porque estamos asumiendo la construcción de nuestra identidad, pero esta manera de ponerse el hábito debe ir acompañada de un proceso educativo.

Esta forma de potabilización con la cultura occidental no resolverá el problema de la exclusión. Es sólo la fachada que sirve para salvar la fiesta, porque dentro de nosotros mismos esta el afán de “blanquearnos”, inútilmente.

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COB

    La COB (Central Obrera Boliviana)

David Acebey
No es el mismo asco que sentí por los que nos persiguieron, torturaron, encarcelaron, confinaron y exiliaron. Es un asco mayor y con vergüenza ajena.

Central Obrera Boliviana

Por favor retrocedamos al abril de 2011. Observemos el desabastecimiento promovido por los de siempre, la coincidencia de la prensa golpista con la dirección cobista y leamos una nota inspirada en esos días.

Si Bolivia no tuviese ¡tanta riqueza!, conjeturo que seríamos un país muy desarrollado en las artes del vivir inteligentemente, igualitariamente… No nos hubiesen colonizado para robarnos la plata, no nos hubiesen masacrado para robarnos el estaño, no nos hubiesen invadido para robarnos el caucho, no nos hubiesen enclaustrado para robarnos la KK y no nos hubiesen conducido al fratricidio para robarnos el petróleo.

Tampoco hubiésemos sentido el dolor de ser traicionados por esa organización que durante las dictaduras fue nuestra vanguardia revolucionaria: la Central Obrera Boliviana.

No culpo a todos los obreros que acataron el paro convocado por la COB ni a la totalidad de dirigentes que apoyaron el pedido político de aumento salarial. Culpo a los medios de comunicación del imperio, en especial a PAT, Unitel y a la Red Uno.

Ellos promovieron día a día y durante más de tres meses el agio, la especulación y el contrabando con su táctica de magnificar el desabastecimiento para dar la sensación de que era cien veces superior a la carestía provocada por el cambio climático.

Su táctica fue exitosa: crearon pánico hasta lograr que germinen las condiciones “objetivas y subjetivas” para el pedido de un descomunal aumento salarial y colocaron al Gobierno entre la cruz y la espada, entre el reprimir a obreros que agredían con dinamitas a pobladores y policías o aprobar un aumento salarial que destruiría nuestra economía para favorecer el retorno de las transnacionales. (¿Cuándo tendremos una ley que proteja a la Patria de la libertad de prensa?)

También culpo a mi gremio —me refiero a los escritores latinoamericanos comprometidos con los procesos de cambio— por nuestro descuido o flojedad para construir los antídotos artísticos que contrarresten el mortal virus mediático creado por quienes financiaron el terrorismo separatista de 2008. (1).

Pregunto a los dirigentes obreros: ¿no es aumento salarial, además del 10% aprobado por el Gobierno, el millonario desembolso para pagar la Renta Dignidad y los bonos a niños y mujeres embarazadas? ¿No es aumento salarial las miles de obras construidas en toda la patria, las nuevas escuelas, las computadoras gratuitas, los focos ahorradores, la subvención a la electricidad, a la harina, a los combustibles o la inversión en el satélite Túpac Katari, que abaratará la comunicación y universalizará el conocimiento de diez millones de compatriotas?

¡Los aumentos sectoriales no son revolucionarios! Y aunque maestros y trabajadores de la salud no lo crean, millones de bolivianos nos sentiríamos dichosos de recibir la mitad de un salario mínimo. ¡No nos desesperemos! Los tiempos mejores ya están a la vista.

Y que Dios y la Pachamama me manden al infierno si estoy equivocado: el paro de la COB fue una jugada maestra del imperio, en su afán de desgastar al Gobierno para adueñarse de las mayores reservas mundiales de litio.

¡Maldito litio! si su presencia provoca más traiciones a la Patria. ¡Bendito litio! si su presencia es para favorecer el desarrollo, la convivencia, la inteligencia…

Nota (1) Peligra la Patria y no tenemos ni un medio de comunicación estatal dedicado a la ciencia, arte que nos legó Luis Espinal en sus Cuadernos de Cine para construir los difíciles pero no imposibles contravenenos mediáticos.

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