Julián Apaza / Túpac Katari

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    Siglo XXI, el retorno de Túpac Katari

Camilo Katari / Escritor e historiador potosino
La plaza de Peñas, en los aciagos días de noviembre de 1781, fue testigo de la aplicada obediencia de poner ejemplo a los indios levantiscos, de mutilar sus cuerpos, de acabar con la luz del inti, pero no lo lograron.

Julián Apaza / Túpac Katari La historia nos dice que el líder de la insurrección de Chayanta, Julián Apaza, tomó el nombre de Túpac Katari tras las muertes de Túpac Amaru, con quien había mantenido contacto, y del propio Tomás Katari, con el que encabezó el más importante levantamiento indígena de la región aymara a principios de 1781.

Su movimiento buscaba la liberación de los indígenas frente al yugo impuesto por las fuerzas coloniales españolas; durante ésta insurrección, Katari puso en pie de guerra a más de 150 mil indígenas en toda la región del Perú, La Paz, Oruro y los valles de Chayanta.

La luz ha vuelto y hoy quiere ser nuevamente eclipsada con falsos debates de “capitalidad”, como en tiempos coloniales. En un país con régimen de autonomías, un debate acerca de la capital es ocioso debido a que existen muchas “capitales”, como pueblos existen en nuestro territorio plurinacional, cada pueblo tiene su propio “centro”, su propia capital. El país plurinacional ya no tiene un sólo centro.

Y si de capitales hablamos seguramente Peñas es la capital de la memoria, porque día a día debemos recordar que allá hubo una muerte que no fue, allí se trató de enterrar la cultura de la vida para que impere la cultura de la muerte, allí rompieron el equilibrio de la Pacha.

Túpac Katari, con la inmensidad de su sacrificio, señaló el camino. Casi un siglo después parte de su cuerpo fue reconstruido por Zárate Willka y aportó su cuota de sacrificio, luego fueron los sindicatos campesinos que se convirtieron en las venas revitalizadas de Katari, para que finalmente las hojas de coca terminaran de juntar el cuerpo con la cabeza de Túpac Katari y dar comienzo al Pachakuti.

Los que hoy quieren detener los pasos del Pachakuti han ensayado muchas formas, una de ellas neutralizar la Asamblea Constituyente, después discutir la “capitalidad”, luego dividir al país con una guerra civil, se ensayó también la temeraria acción de eliminar al Presidente.

Hoy en tiempos electorales retoman los viejos temas y las viejas tácticas, no tienen argumentos nuevos, no hay propuestas, solamente la idea fija de terminar con este proceso que ha desafiado a toda la ‘intelligentzia’ colonizada de todos los colores.

¿Volver al pasado es legítimo? Claro que sí, en un régimen democrático se confrontan las ideas y los hechos, se confronta la colonialidad y la pigmentocracia con la dignidad y la identidad del secante individualismo contra el sentido de comunidad, la concentración contra la redistribución; la cultura de la muerte contra la cultura de la vida.

Estamos en los días en que se utiliza la confusión como verdad, se trata de ocultar las historias pasadas y mostrarse como los ‘nuevos’ políticos, cuando son casi primos del tiranosaurio rex; barajan sus posibilidades de encontrar una ‘Eva’ que les acompañe en su periplo electoral, seguramente veremos desfilar nombres y apellidos de mujeres aymaras o quechuas que serán los segundos globos de ensayo, porque los primeros ya fallaron.

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