Perú corrupción institucionalizada

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La corrupción en el cerebro de nuestros exmandatarios

Hay una red muy compleja extendida en todo el Estado que mancha a todos los niveles

Ernesto Toledo Brückmann / diariouno.pe
Si el famoso libro “Historia de la corrupción en el Perú”, publicado en el 2013, abarcara el primer año de mandato de Pedro Pablo Kuczynski, el fallecido autor, Alfonso Quiroz, hubiese requerido ampliar enormemente sus 486 páginas escritas.

La corrupción en el cerebro de exmandatarios
Corrupción en el cerebro de exmandatarios

La mayoría de peruanos observa cómo los cuatro expresidentes de la república que aún siguen vivos están acusados por casos de corrupción; tres de ellos tienen sentencia, dos están presos y uno fugado, mientras el que queda sigue evadiendo las investigaciones o misteriosamente declarado inocente.

Dejar las comodidades de Palacio de Gobierno para terminar en un banquillo de los acusados o tras las rejas es algo que se nos ha hecho habitual a los peruanos; sin embargo, ignoramos lo que pasa por la cabeza de los principales implicados.

El doctor Elmer Huerta, en su artículo titulado “La neuropsiquiatría del poder y la corrupción” da cuenta de un argumento científico; ello permite entender cómo los mecanismos cerebrales de Fujimori, Toledo, Ollanta y García hacen que se sientan tan todopoderosos, al punto de creer estar por encima de todo.

El síndrome de Hubris
En mayo del 2008, el político y médico británico Lord David Owen publicó el libro titulado “En el poder y en la enfermedad: enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años” y en el que describe algunas de las enfermedades físicas sufridas por algunos presidentes a través de la historia; también hace una descripción de su perfil psicológico.

En el 2011 Owen establece en su libro “El síndrome Hubris: Bush, Blair y la intoxicación del poder”, los elementos psiquiátricos del llamado síndrome de Hubris y que perfectamente calaría en gran parte de nuestros líderes políticos.

Owen afirma que políticos y personas en posición de poder suelen desarrollar un conjunto de comportamientos que “tienen el tufillo de la inestabilidad mental”. En su descripción, cita al filósofo Bertrand Russell, quien aseguraba que cuando el elemento necesario de humildad no está presente en una persona poderosa, esta se encamina hacia un cierto tipo de locura, que llama “la intoxicación del poder”.

La palabra “Hubris”, del griego “hybris”, era descrita por ellos como el ser humano que por exceso de soberbia y arrogancia, despreciaba sin piedad los límites divinamente fijados sobre la acción humana. También conocido como “el orgullo que ciega”, hace que la arrogante víctima de Hubris actúe contra el sentido común. En la mitología griega se encuentra el ejemplo de Ícaro, quien se atrevió a desafiar al sol volando directamente hacia él, y al rey persa Jerjes que ordenó azotar al mar porque una tormenta destruyó sus buques. En el mito griego también se encuentra la diosa Némesis, encargada de castigar a las personas afectadas de Hubris, provocando su caída por los actos cometidos.

Diagnóstico de Fujimori, Toledo, Garcia u Ollanda
Para el diagnóstico del Hubris, Owen propone 14 criterios; entre ellos el usar el poder para autoglorificarse, tener una preocupación exagerada por su imagen, lanzar discursos exaltados en los que aseguran que ellos “son el país o la nación”, perder contacto con la realidad, ser propenso a cometer actos impulsivos, demostrar autoconfianza excesiva y un manifiesto desprecio por el sentido común y la inteligencia de los demás, decir que son tan grandes que solo Dios o la historia los podrá juzgar, permitir que sus consideraciones morales guíen sus decisiones políticas a pesar de ser poco prácticas o muy costosas, demostrar un enorme desprecio por los aspectos prácticos de la formulación de políticas, desafiar la ley y el sentido común, manipular los poderes del Estado o caer en la corrupción.

¿Qué se entiende por corrupción?
La corrupción es una transgresión intencionada de las normas políticas y sociales cuya finalidad es la obtención de beneficios privados mediante el soborno, el fraude, el impago de impuestos, entre otros. La corrupción no es una patología en sí, no está contemplada en las grandes guías de trastornos psicológicos, como el DSM (manual estadístico diagnóstico de los trastornos mentales).

Sí es cierto que las personas corruptas, a pesar de no ser enfermos mentales, tienen ciertos rasgos similares a los psicópatas. En ningún caso quiere decir esto que haya una estrecha relación causa-efecto, ni de ningún tipo, simplemente coinciden algunos de los rasgos que presentan ambos.

Diferenciemos un psicópata de una psicosis. Un psicópata es una persona que posee rasgos psicóticos, mientras que la psicosis es una enfermedad de la mente, de la psique. Los corruptos son individuos que tienen un determinado tipo de actuación, un perfil. Tienen un modus vivendi y un modus operandi que a continuación detallamos.

El problema siempre ha sido la corrupción
El cerebro humano es capaz de aceptar y adaptarse a la deshonestidad debido a la disminución de la función de la amígdala cerebral.

El cerebro del corrupto
Un estudio del University College de Londres y publicado en Nature Neuroscience, encuentra que el cerebro humano es capaz de aceptar y adaptarse a la deshonestidad debido a la disminución de la función de la amígdala cerebral, zona responsable de que confiemos en nuestros instintos (el gutfeeling en inglés), y que permite interpretar instantáneamente si un acto debe ser aceptado o rechazado de plano. La amígdala cerebral es responsable de la consciencia, la que permite saber si lo que se viene haciendo está bien o está mal.

Científicos ingleses descubrieron que la amígdala cerebral se activaba fuertemente con los primeros actos deshonestos, pero con cada subsecuente deshonestidad su actividad disminuía progresivamente; es como si la amígdala cerebral “se acostumbrara” a la deshonestidad. Eso indicaría que el corrupto empieza gradualmente y al ir perdiendo la actividad de su amígdala cerebral, va perdiendo el miedo y se va acostumbrando al delito, incrementando la magnitud de sus actos deshonestos. El gran corrupto es entonces aquel que pierde completamente la actividad de su amígdala cerebral.

Perú: corrupción institucionalizada
El economista y especialista en comportamiento humano de la Universidad de Boston Raymond Fisman, argumenta que la corrupción no es un asunto del individuo, sino del sistema en que este vive. Si la corrupción es percibida como normal en un país, el cerebro del ser humano es capaz de adaptarse y volverse corrupto.

En el Perú la corrupción está institucionalizada al punto que las próximas generaciones verán como “normal” cualquier acto de hoy tipificamos como corrupto. Por su parte, el profesor de ciencia política de la Universidad de Colorado Christoph Stefes, dice que la historia enseña que un modo de luchar contra la corrupción sistémica es creando “islas de honestidad” en la sociedad, lideradas por individuos honestos, rodeados de personas honestas y que logren movilizar grandes segmentos honestos de la población y que busque inclinar la balanza de la sociedad hacia el lado de la honestidad.

Amorales e inmorales
Cuando señalamos que nuestros líderes políticos son inmorales es porque se tipifica todo aquello que va en contra de la moral establecida por una sociedad. Al inmoral se le asocia con los vicios que impiden el desarrollo de las virtudes. Se aplica a todas aquellas personas que de manera deliberada, o a veces, sin poder evitarlo, transgreden o violan una norma moral.

En el caso concreto, los exgobernantes implicados en actos de corrupción conocen el código moral, pero aun sabiendo de este lo violan o lo infringen cometiendo acciones que van en contra del mismo bienestar social.

El amoral es el carente de cualquier valor; el término es aplicado a los individuos que carecen de sentido moral, lo desconocen e ignoran porque nunca lo tuvieron. Mayoritariamente, los funcionarios públicos no son amorales porque nacieron dentro de un hogar y una sociedad con moral pero en el trayecto estos lo perdieron al sumirse en la corrupción.

Para tipificar la corrupción en el Perú resulta necesario repasar el perfil psicológico de nuestros expresidentes.

Toledo mentiroso
“El expresidente Toledo no ha tenido ningún temor en incurrir en actos delincuenciales y lo que está haciendo corresponde a un individuo de esa categoría que no tiene valores porque, de lo contrario, se entregaría a la justicia”, dice el periodista Humberto Jara. Esto se fundamenta en las permanentes mentiras que Alejandro Toledo ha dicho a lo largo de su mandato (2001- 2006) y posterior a él. “La actitud de Toledo es coherente con su personaje. Él es un hombre que ha hecho de su vida una mentira y un cinismo”, concluye Jara.

Por su parte, el jefe de la Unidad de Salud Mental del Instituto de Enfermedades Neoplásicas (INEN), Hugo Lozada Rocca, señala que del perfil siquiátrico del expresidente Alejandro Toledo se evidencian rasgos sicopáticos y problemas de personalidad, una condición que se manifiesta a través de sus reiteradas mentiras, pero que no lo exime de recibir sanciones ya que puede identificar el bien y el mal.

Lozada también dice que “tendríamos que evaluar su biografía, que empieza desde el problema de (su hija) Zaraí. Todo ello acrecienta la sospecha de este problema de personalidad” y advirtió que “esta dimensión se va incrementando junto a otras características y ya no es solamente la mentira, sino el engaño, el cometer dolo”.

García y los desórdenes bipolares
El estado emocional del expresidente Alan García ha llamado siempre la atención. Como arrogante, desconfiado y con “un ego colosal” es calificado en el informe enviado por la Embajada de Estados Unidos en Lima a petición de Washington, en julio de 2006.

El embajador norteamericano James Curtis Struble presentó a García como un político con gran dominio de la escena y sentido de la teatralidad. “trastornos maníaco depresivos o desórdenes bipolares” del mandatario que, aunque sin confirmación, son objeto de rumores “ampliamente extendidos”.

Los mismos informantes señalan que el presidente peruano se medica con litio, un antidepresivo, pero la Embajada se muestra cauta a este respecto y destaca que no dispone de informaciones que confirmen que tome medicación alguna.

En cambio, en privado, García es informal, considerado y con encanto. “Un aspecto en torno al cual hay casi un acuerdo universal es que García tiene un ego colosal que le puede cegar ante los méritos o las buenas ideas y alternativas que vengan de otro que no sea él”, recalca el mensaje, que incide: “El ego de García es su talón de Aquiles y podría tener consecuencias contraproducentes para el actual gobierno, especialmente si no se vigila”.

Fujimori y el riesgo suicida
A inicios del 2013 la Comisión de Gracias Presidenciales que por entonces veía el pretendido indulto al expresidente Alberto Fujimori, diagnosticó “depresión profunda con riesgo suicida”.

La investigación realizada por el semanario “Hildebrandt en sus trece” señaló que esta fue la conclusión de tres psiquiatras que vieron a Fujimori, mientras que otros dos especialistas de la salud mental se inclinaron, agrega el medio, por “depresión moderada”.

Esto se suma a unas palabras atribuidas al mismo Fujimori cuando recibió la visita de los psiquiatras: “muchas veces he deseado tener una pistola… sería mejor”.

Ollanta Humala absorbido por Nadine
El doctor Max Silva Tuesta sostiene que Ollanta Humala es una persona de formación militar y eso explica la forma como se le ve: una persona de carácter fuerte, autoritario y de poca comunicación. Por su formación familiar, principalmente por su padre Isaac Humala, reivindica la raza cobriza. Su entorno más cercano le hace parecer como una persona de sólidos valores familiares.

Humala no fue el líder que se hizo solo, sino parte de un proyecto familiar encabezado por el padre y encarnado en el etnocacerismo.
Durante su campaña presidencial solía presentarse en su discurso, como el salvador y refundador de la democracia. Silva Tuesta también lo describía como alguien fundacional, que dice “todo lo que se ha hecho acá está mal, lo descalifico, de ahora en adelante yo soy la nueva república”.

Finalmente, fue dominado por completo por su esposa Nadine Heredia. La reconocida psicoterapeuta Carmen González señala que “ser la única hija mujer en una familia de varones y que el padre haya sido mucho mayor que la madre, produjo su necesidad de ser mirada y que vea de igual a igual a los varones, de aquí le viene el empoderamiento”. Para la especialista, Heredia tenía una relación de pareja chocante para una sociedad machista, porque es de pares.

ADN peruano
La mayoría de peruanos todavía piensa que la corrupción es el principal problema que enfrenta el país. Sin embargo, de haber sabido que Fujimori, Toledo, García y Humala estarían implicados en casos de corrupción, muy posiblemente un número significativo de compatriotas no le hubiese importado e igual serían parte de los postulantes a Palacio de Gobierno.

Pasarse la luz roja, invadir cruceros peatonales, entregar boletas falsas, hacer doble contabilidad a fin de evadir impuestos (o no pagarlos), coimear autoridades, pagar de menos a los trabajadores, exigir estupideces en los currículum vitae (color de ojos, foto reciente, religión, edad, buena presencia, entre otros), alargar un proceso público (licencias, trámites documentarios), manejar alcoholizado, pretender trabajar y solo matar el tiempo, fomentar el robo al “encargar” partes robadas, discriminar a los nuestros (incluyendo a las personas que trabajan en nuestra casa), entre otros, es parte del ADN peruano.

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