Warisata: la masacre de hace un año todavía duele

El Deber: Guisela López sep 2004
Etelvina Ramos no quiere hablar de su hija Marlene, la niña de ocho años que murió por un balazo cuando miraba, por la ventana de su casa, pasar tropas militares, aviones y helicópteros de guerra en Warisata. Pero en el ventanal de su humilde casa todavía está el hueco por donde ingresó la bala que segó la vida de su segunda hija.

“No me acuerdo de nada, me he olvidado de todo. Pregúntenle a mi esposo, él recuerda”, contesta Etelvina cuando se le pregunta sobre las circunstancias en que murió Marlene.
Etelvina tiene una mezcla de sentimientos. Dolor, rabia y miedo enmudecen a la madre de la víctima más inocente del comienzo de la “guerra del gas”.

Marlene no tenía que morir por varias razones. Vivía en una casa distante a un kilómetro del pueblo de Warisata, en plena pampa, lejos de donde las fuerzas combinadas (Policía y Ejército) arremetían contra los enfurecidos campesinos que comenzaban la defensa de los recursos hidrocarburíferos del país. La niña y sus padres no estaban participando en las movilizaciones (bloqueos) campesinas.

Un año después
“La gente es muy mala, por eso no quiero hablar nada”, respondió Etelvina, mientras amamantaba a su hija menor, que acaba de cumplir un año, quien nació días antes de que su hermana mayor falleciera.

La suegra de Etelvina, Rosenda, contó que el 20 de septiembre del año pasado, Marlene estaba en el dormitorio cuidando a su madre que había dado a luz esos días. “Entonces, mi nietita se puso a mirar por la ventana y ahí cayó”, recordó.

El dolor que todavía se siente en la casa de Marlene se repite en la de Simael Marcos Quispe, el estudiante de la Normal de Warisata que también pereció por un balazo, y en la de Juan Cosme, el profesor desocupado que también murió baleado por las fuerzas militares y dejó a su esposa y siete hijos.

Dos horas de terror
Las tres víctimas son el símbolo del comienzo de “la guerra del gas” que terminó el 17 de octubre de 2003 con la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada y su posterior salida del país. Marlene, Juan y Simael están sepultados lado a lado en el cementerio de Warisata y en sus epitafios son considerados mártires de la contienda que defendió el gas.

Si bien el dolor es más profundo para las familias de los que perecieron, los habitantes de Warisata no pueden olvidar el pánico que sintieron el 20 de septiembre del año pasado. Todos coinciden en una misma versión: El Ejército y la Policía atacaron el pueblo y no vacilan en reconocer que hubo resistencia.

“Nos defendimos con los viejos fusiles de la Guerra del Chaco que tenían guardados nuestros padres que combatieron en esa época”, dijo Marcelino Huanca, dirigente del Sindicato K’uchowarisata. Pero no fue suficiente, ya que en menos de dos horas Warisata fue tomada por las fuerzas del orden.
Los testimonios de los vecinos dan cuenta de que el convoy de buses con turistas, que el gobierno trajo de Sorata con el argumento de que los forasteros estaban en riesgo si permanecían en esa población, debía cruzar Warisata para llegar a La Paz.

Para lograrlo, las fuerzas combinadas (Ejército y Policía) tenían que romper el bloqueo de los warisateños que acataban la instructiva de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) de interrumpir las vías camineras para evitar la venta de gas a Estados Unidos a través de un puerto chileno.

Las huellas quedan
El Ejército y la Policía irrumpieron en Warisata con todo. Las huellas de los balazos en la mayoría de las casas son parte de los testimonios silenciosos.

Las huellas que tampoco se pueden borrar son las que quedaron en la memoria y el sentimiento de los warisateños.

“Los soldados y policías patearon la puerta de mi casa y se entraron. Con mis hijos nos encerramos en un dormitorio y trancamos la puerta con el ropero. Estábamos calladitos mientras ellos pateaban la puerta para entrar. Nos tiraron gases lacrimógenos por la ventana y mi hija menor (cinco años) se desmayó”, relató Natalia, una mujer de pollera cuya casa está casi en la esquina de la plaza principal de Warisata, donde estaban parapetados los campesinos de la resistencia.

Con allanamientos
“¿Dónde están sus maridos? Putas, hablen, ¿dónde están las armas?, nos preguntaban los militares cuando entraron a mi casa”, relató Remedios, otra mujer que tiene su puesto de venta de comida en el centro del pueblo.

Los hombres warisateños, que estaban movilizados en el bloqueo y la resistencia, huyeron del pueblo en medio de los disparos de militares y policías.

Con graves daños
Aquellos que estaban en sus casas y no participaban en el movimiento campesino hicieron lo mismo porque la amenaza era contra todos los hombres del pueblo.

La única víctima fatal de las fuerzas combinadas, que se registra oficialmente, fue un conscripto de 19 años. Sergio Vargas Castro murió por un impacto de bala en el pecho, según informes oficiales.
Ese mismo 20 de septiembre, otras personas fallecieron en enfrentamientos registrados en poblaciones ubicadas entre Sorata y Warisata. Uno de ellos cayó en Ilabaya: Demetrio Coraca Castro, un agricultor de 62 años que dejó una esposa y cuatro huérfanos.

Pena de 30 años para Goni
La reaparición de Gonzalo Sánchez de Lozada, en un mensaje televisivo grabado en Estados Unidos y transmitido en Bolivia, en el que pidió “un juicio justo”, provocó la ira de los campesinos de Warisata, que se declararon en estado de emergencia y amenazan con reanudar movilizaciones en caso de que el ex Presidente sea beneficiado y se libre de recibir la máxima pena que contemplan las leyes bolivianas (30 años de prisión).

“…Él (por Goni) es el principal culpable y no puede eludir, por eso estamos alertas. Queremos ver hasta dónde llega en sus intenciones (de pedir juicio justo)”, afirmó Marcelino Huanca, secretario general del Sindicato Agrario de K’uchowarisata (una de las cuatro comunidades que forman parte del Sindicato Agrario de Warisata).

Para Warisata hay dos culpables de los sucesos: el ex presidente Sánchez de Lozada y el ex ministro Carlos Sánchez Berzaín; a este último le acusan de haber comandado personalmente la masacre en Warisata y en poblaciones cercanas a Sorata, donde perecieron otras tres personas ese 20 de septiembre.

Cámara Hotelera de Sorata asegura que Carlos Sánchez Berzaín provocó
No era necesario que los turistas que estaban en Sorata fueran evacuados de la forma como procedió el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada el 19 de septiembre del año pasado, según la Cámara Hotelera de esa población. Los centros de hospedaje sorateños, que tenían turistas extranjeros alojados, coinciden en que no había ningún riesgo para los visitantes.

“Ellos estaban felices de quedarse varios días en Sorata cuando les dijimos que no podían irse porque la carretera estaba bloqueada. Incluso algunos se inscribieron para hacer cursos de tejido. Además, les dijimos que no les íbamos a cobrar por la estadía obligatoria”, sostuvo la propietaria del hotel Oasis, donde estaban hospedados turistas israelitas, ingleses y estadounidenses.

Sin embargo, el 19 de septiembre llegó el ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, en un helicóptero que aterrizó en la cancha del fútbol de Sorata e inmediatamente se contactó con los choferes de los buses que había en el pueblo y les ofertó pagarles lo que quisieran para trasladar a La Paz al medio centenar de turistas extranjeros que estaban en Sorata.

El rechazo
La llegada de Sánchez Berzaín, sus movimientos en el pueblo, el arribo en un helicóptero y la presencia de militares armados provocaron la ira de los campesinos de comunidades aledañas a Sorata, que estaban movilizados pues acataban la instrucción de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).

Llegaron al pueblo e intentaron agredir al Ministro. Hay quienes aseguran que un comunario le dio un puñetazo a la autoridad; otra versión afirma que un maestro le dio una bofetada al Ministro.
Cualquiera hubiese sido la verdad, esa situación ocasionó que un militar lanzara una ráfaga de ametralladora al aire para amedrentar a los campesinos y proteger a Sánchez Berzaín hasta que abordó el helicóptero para salir de Sorata.

Se fue con la caravana
La rabia de los campesinos los llevó a quemar el hotel de un extranjero, de quien casi nadie habla bien en Sorata. El hotel Copacabana, una camioneta y una motocicleta, de propiedad del alemán Eduardo Kramer, ardieron esa tarde.

Por la noche, lo que quedaba del hotel fue saqueado. Las versiones en Sorata dan cuenta de que los campesinos vieron a Kramer abrazado con Sánchez Berzaín cuando éste llegó a Sorata. Kramer y su familia salieron en el convoy de buses que evacuó a los turistas. Del hotel Copacabana no queda casi nada en Sorata. Un letrero que informa “intervenido por la Junta de Vecinos de Sorata” identifica las ruinas del ex alojamiento.

Familiares preparan homenajes para los muertos
Para este 20 de septiembre, luego de un año de la intervención policiaco-militar en Sorata, los familiares de las víctimas rendirán un homenaje a sus muertos.

Nelson Salinas, de la Asociación de Familiares de los Muertos en la “guerra del gas”, informó que los homenajes para los caídos empezarán en Warisata.

La madrugada del 20 de septiembre de 2003, un contingente de militares y policías atravesó las poblaciones de Achacachi y Warisata para llegar hasta la localidad de Sorata, donde decenas de turistas bolivianos y extranjeros permanecían varados por causa del bloqueo de caminos.

El entonces ministro Carlos Sánchez Berzaín estaba a cargo del operativo a bordo de un helicóptero. Los uniformados entraron a Sorata, pero ya no pudieron salir de ahí.

Al ver roto su bloqueo, los campesinos reaccionaron y volvieron a las carreteras para impedir el paso de la caravana de buses. Los militares abrieron paso bajo fuego. Como resultado de esa intervención murieron cinco personas.

Homenajes
Los familiares se preparan ahora para el cabo de año, costumbre aymara para despedir el alma del difunto y quitarse el luto.

A los actos de homenaje en Warisata seguirán los de El Alto, donde más de medio centenar de personas murieron, entre el 10 y el 17 de octubre de 2003, por balas disparadas por los militares.
Los caídos son considerados mártires de la “guerra del gas”, y así será su homenaje. Se prevé exhumar los cuerpos, aunque sea doloroso, a fin de trasladarlos a un mausoleo especialmente construido para las víctimas fatales de esas jornadas de violencia vividas en El Alto.

Guerra del gas
Ha pasado un año desde la “guerra del gas”, situación que costó 59 vidas.

La violencia comenzó el 20 de septiembre en Sorata y Warisata.

Los hechos se agravaron entre el 10 y el 17 de octubre, con la masacre en El Alto.

A un año de esos hechos, las investigaciones apenas han avanzado.

El juicio de responsabilidades espera en el Congreso su autorización o rechazo.

El ex presidente Sánchez de Lozada salió del país para vivir en Estados Unidos.

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