Una forma de volver junto a Túpac Katari

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Ahí vamos de nuevo, Katari. No hay pues lugar para el silencio a pesar de que muchos quisieran que aquello ocurriese, particularmente los que te mataron hace más de dos siglos.
Homenaje a Tupac Katari. Foto: G. Jallasi ABI
Te descuartizaron con cuatro caballos, pero no lograron matarte como ya escribieron para rendirle homenaje a Túpac Amaru, el rebelde quechua que se alzó contra el despótico conquistador que llegó cargando a nuestras tierras empuñando la cruz y la espada, ávido de riquezas y de poder.

La cobarde cabalgadura se encargó de infligir un genocidio que quedó en la impunidad, por los siglos de los siglos, sin juicio ni castigo a quienes violaron y mataron mujeres indias amparándose en sus títulos de nobleza.

¡Qué resentimiento atroz! dirán algunas lenguas lambisconas para justificar, como lo hicieron siempre, la exclusión de los verdaderos dueños de estas tierras.

Recuerdo ahora mismo aquel aliento que un amigo de los humildes, de los desposeídos del mundo, afirmó sobre el conquistador estando de visita en Bolivia, hace más de una década.

Comparto contigo las palabras de Fidel en Bolivia y algo más: “Recuerdo una frase de Rigoberta Menchú, allá en Guatemala, en una reunión de emigrados. Había una pirámide construida hace como mil años.

Ella hablaba de lo que se podía hacer en aquella época y decía: ‘¡Cuántas cosas hubiera podido hacer el hombre en el tiempo transcurrido si hace dos mil años pudo crear obras como aquéllas!’. Así se ven las obras que sus antepasados crearon hace miles de años.

Se puede repetir la misma pregunta:
¿cuántas cosas hubiera podido hacer el hombre en esos miles de años? Pero vinieron los accidentes de la historia, sobre todo la conquista, la famosa conquista que Europa quería celebrar con muchos agasajos.

Nadie quería hablar de los horrores que se cometieron. Nadie quería hablar de que casi se exterminó a la población. Me dolía, realmente, que con motivo del famoso V Centenario se hablara de muchas cosas, pero no del heroísmo con que los pueblos nativos resistieron a la conquista, a pesar de que no conocían el acero y el caballo.

Aquellos combatientes creían que el caballo y el conquistador eran la misma cosa. Error tan craso… Tal vez el caballo era mucho más noble que el conquistador.

Los conquistadores, con su experiencia guerrera y su tecnología, lograron dominar el continente fragmentándolo en muchas comunidades diferentes.

Esa historia no puede seguir siendo ignorada. Después, los pueblos encontraron la ocasión de la independencia; pero sabemos lo que fue la independencia, donde prosiguió la esclavitud del africano y del indio…

¿Cuál es la causa de los problemas que tenemos? ¿Cuál es la causa de nuestra pobreza? ¿Cuál es la causa de que nos hayamos quedado tan rezagados en el mundo?

La explotación colonial, neocolonial y la explotación actual…

¿Alguien ha hecho el cálculo de los millones de vidas que se perdieron trabajando en las minas para enriquecer a Europa?…

Tupac Katari. Foto: katari.orgEsa horrible historia se conoce… Hay quienes quieren descubrirnos, conquistarnos de nuevo y quizás aspiran a que dentro de 500 años celebremos la conquista de ahora. Ésa es la realidad.

Los indios de ahora somos más, porque cuando llegaron los españoles eran 70 millones y se calcula que hoy son 450 millones y son más productivos. Por eso a los indios de hoy los países capitalistas desarrollados les sacan más oro y plata que lo que los españoles sacaron en 300 años.

Bolivia ha vivido todo aquello desde que aparecieron las famosas minas del Potosí, uno de los grandes yacimientos en la historia. ¿Cuántas vidas habrán quedado allí? Las explotaron sobre la base de sangre y sudor del pueblo y, por eso, no podemos pensar ni resignarnos jamás a que ése fuese nuestro destino futuro…”.

El ejército del pueblo está donde siempre estuvo. Aquella multitud de guerreros milenarios está firme en las serranías y entre las peñas de Los Andes y Omasuyos, envueltos en banderas tricolores y en wiphalas eternas, iconos de la unidad y la rebelión. Salud Katari. ¡Patria o Muerte!

V o l v e r