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Bolivia: Evitar injusticia

    Para evitar que se cometa una injusticia con Walter Chávez

Ramón Rocha Monroy
Quienes nacimos en plena Guerra Fría y vivimos aún para contarlo, sabemos que el Estado, casi en toda esa época bajo gobiernos reaccionarios, no vacila en acusar de terrorista a quien milita en el campo popular.

Walter ChávezEsa acusación no sólo pesó sobre compañeros que optaron por la lucha armada, sea rural o urbana, sino sobre intelectuales de izquierda, profesores, estudiantes y trabajadores universitarios, poetas y artistas, dirigentes sindicales, periodistas y otros representantes de los movimientos sociales.

Este es el caso de Walter Chávez, periodista e intelectual peruano que desarrolló una vasta labor cultural quizá no menor a la de Gamaliel Churata, fundador de Gesta Bárbara. Chávez hizo un excelente trabajo periodístico en diarios nacionales prestigiosos como HOY, LA RAZÓN y EL JUGUETE RABIOSO, quincenario de prestigio en su momento del cual fue su fundador.

Chávez es ante todo un intelectual, un profesor, un escritor, un periodista. En la lucha interna que todos experimentamos desde muy jóvenes, ganó el hombre político y Walter optó por apoyar abiertamente la candidatura de Evo Morales a la Presidencia, contribuyendo decisivamente a una campaña exitosa que se tradujo en la asunción del primer Presidente indígena de Bolivia y el segundo de América Latina (después de Benito Juárez).

Algunos políticos no le perdonaron esta opción que tomó como cualquiera de nosotros lo hubiera hecho incluso en otro país hermano, porque para apostar por el movimiento popular no existen fronteras. Uno puede suponer los hilos que se movieron para lograr que el gobierno peruano reabra un proceso contra Walter Chávez por el delito de terrorismo y la acusación formal de extorsión en nombre de una organización revolucionaria.

En América Latina, cientos, miles de intelectuales y dirigentes populares hemos sido acusados de terroristas, de extremistas, de subversivos; y a cientos de miles de nuestros compañeros los eliminaron con ese pretexto y sin figura de juicio.

Me temo que ese es el caso de Walter Chávez, y por eso quiero convocar a todos los que fuimos sus amigos y compañeros de trabajo, a sus lectores, a los beneméritos de la utopía, a los viejos y nuevos luchadores por la justicia social, a los perseguidos, encarcelados, exiliados, torturados y acusados de terroristas, para que dirijamos esta carta colectiva a la Corte Suprema de Justicia para evitar que emita un fallo históricamente peligroso en contra de nuestro compañero.

No podemos permitir que se entregue a un compañero peruano sabiendo que todos nosotros, unos más que otros, hemos pasado por el mismo calvario aunque en el fondo sólo tengamos sed de justicia y de una vida mejor para todos.

Les pido que reenvíen esta carta a todas las direcciones posibles de Bolivia, del Perú y de otros países hermanos de América Latina y Europa, a ver si así protegemos la integridad física y moral de Walter Chávez.

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Bolivia: La mascarada autonomista

    La mascarada autonomista: los intereses detrás de Marinkovic, Costas y Quiroga

Alejandro Saravia - Bolpress
Nada hay más revelador sobre la naturaleza intrínseca del llamado movimiento autonomista cruceño que las cuentas pendientes que tiene Branko Marinkovic ante la Ley boliviana por apropiación ilegal de tierras del Estado.

Valiéndose del tráfico de influencias y la corrupción de funcionarios y autoridades estatales, un mismo individuo, o familia, ha conseguido ser dotado hasta cinco veces de extensas áreas de tierra, dice la información dada a conocer por el Viceministro de Tierras, Alejandro Almaraz, en torno a la apropiación de la Laguna Corazón por parte del inefable paladín de la autonomía cruceña.

En otro contexto, este robo de tierras del Estado podría pasar por una avivada, por la destreza de un tipo listo en un país donde la administración de las tierras y la justicia es materia dúctil ante el poder del dinero.

Pero en el marco general de una convocatoria a referéndum autonómico, que el propio Branko Marinkovic encabeza, esta situación ofrece más bien una ventana para mirar el futuro que les espera a los cruceños “autónomos”.

Se equivoca el ciudadano del oriente del país si creen que sus intereses serán protegidos por una oligarquía oriental que ahora camufla sus intereses de clase perorando sobre las virtudes de la democracia y libertad.

En realidad, esta oligarquía actúa ante los recursos del Estado y el bien público con un implacable instinto de saqueo y beneficio personal. Como prueba del acaparamiento de tierras, en Santa Cruz 15 familias controlan medio millón de hectáreas. En el Beni 10 familias concentran ilegalmente medio millón de hectáreas. En Pando 9 familias poseen cerca de 800,000 hectáreas.

Detrás del discurso de enfrentamiento entre cambas y collas está el choque entre dos sectores: está la oligarquía oriental y la población sin tierras.

¿Desde cuándo los terratenientes, los que se han beneficiado de los recursos del país sin compartir, necesitan de la solidaridad de los de abajo?

¿Desde cuándo la magra burguesía boliviana se hace la defensora de la democracia y la libertad, ella que personificada en los Gasser o Sánchez de Losada, ha financiado o se ha beneficiado por años del golpismo militar?

¿No fue acaso en Santa Cruz, como refiere el periodista de La Nación, Manuel Salazar, donde grandes narcotraficantes ofrecieron en 1980 un financiamiento de cuatro millones de dólares al golpista García Mesa?

¿No estaba en esa reunión Edwin Gasser, dueño del mayor ingenio azucarero del país y dirigente de la Liga Anticomunista Mundial (WALC), además de Pedro Bleyer, presidente de la Cámara Industrial de Santa Cruz?

Branko Marinkovic y el sector social que lo ha elegido como su portavoz, representa la continuidad de esa mentalidad de exclusión social y saqueo de los recursos del Estado. Más que cualquier opinión, son sus actos públicos, es la distancia entre su discurso y sus acciones lo que da una pauta de lo que será ese Santa Cruz en manos de los capataces del lugar.

El discurso popular es el más revelador en materia de mentalidades.
Gabriela Oviedo, la miss Bolivia de 2004, pasó a la historia cuando, con todo el candor de un estado de cosas que no ha cambiado hasta hoy, declaró que “la gente que no conoce mucho sobre Bolivia, piensa que todos somos indios del lado oeste del país… Es La Paz la imagen que refleja eso, esa gente pobre, de baja estatura e india. Yo soy del otro lado del país, del lado este… Nosotros somos altos y somos gente blanca y sabemos inglés.”

Históricamente, Santa Cruz ha sido extrañamente una tierra de acogida para el nazismo. En esa ciudad han surgido grupos neofascistas como “Los novios de la muerte”, activo durante la dictadura de García Mesa.

Ya en años previos, la dictadura del coronel Hugo Bánzer llegó inclusive a encubrir, proteger y otorgar la ciudadanía boliviana a un criminal de guerra nazi, Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, quien más tarde organizaría los ataque paramilitares del 17 de julio de 1980 contra la COB en La Paz.

En ese Santa Cruz autonómico del prefecto Rubén Costas, ser alto, blanco y saber inglés es el paradigma de modernidad. En ese país deseado por la oligarquía cruceña no tiene cabida “esa gente pobre, de baja estatura e india”, que no viene necesariamente de la región andina.

Esos “pobres indios” son los pueblos indígenas Chiquitano, Ayoreode, Yuracare-Mojeño, Gwarayo y Guaraní, pobladores que viven en Santa Cruz desde hace cientos de años, mucho antes de la llegada de los Marinkovic, los Costas o los Quiroga.

Si hay alguien dueño de las tierras de Santa Cruz, ese dueño legítimo son los pueblos indígenas. Ellos que no tienen pisada en las aulas de las universidades privadas, ni en los espacios de diversión del barrio Equipetrol, ni en los salones de las Torres Cainco. Y no serán las huestes de la Unión Juvenil Cruceñista las que lucharán por una mayor justicia e igualdad para los primeros pueblos indígenas cruceños, sencillamente porque jamás lo hicieron.

Santa Cruz le debe su crecimiento económico al estaño, es decir, al trabajo de los mineros de Catavi, Llallagua, Pulacayo y Siglo XX, por citar algunos centros mineros. Fueron esos indígenas aymaras y quechuas los que escupieron sus pulmones en sangre y silicosis para que Santa Cruz pueda colocar losas en sus calles y para que su agroindustria puedan capitalizarse.

El trabajo de los “pobres indios” permitió en la década de los años 70, según el historiador Mariano Baptista Gumucio, la enorme expansión de la agricultura cruceña mediante créditos del Estado destinados al cultivo y la exportación de algodón, café, azúcar, madera y ganadería.

Sin embargo, llegado el momento de devolver los préstamos, fue el Estado el que acabó absorbiendo las deudas de los productores cruceños al Banco Agrícola. Los bolivianos que no vieron ni un centavo de esos capitales tuvieron al final que pagar unos 700 millones de dólares.

Ese traspaso de la deuda privada al erario público fue obra de ADN, la formación política que hoy se llama PODEMOS, o lo que es lo mismo: ROBEMOS, encabezada por Jorge Quiroga, el ex consultor del Fondo Monetario Internacional.

Más que un conflicto entre ciudadanos bolivianos de oriente y occidente, en Bolivia es el neoliberalismo el que está luchando para aplastar las demandas de mayor justicia económica e inclusión social. Marinkovic, Costas y Quiroga defienden los intereses de las transnacionales.

Su expresión política es la derecha, es PODEMOS, es el aval del embajador estadounidense Philip S. Goldberg. La embajada de Estados Unidos ha estado entregando cientos de miles de dólares a una serie de organizaciones opuestas a las reformas que lleva adelante el presidente Morales. Es esta derecha de oligarcas criollos, no de cruceños, la que ha rechazado la mediación de la Iglesia y la mediación de países como Brasil o Argentina para evitar la división del país.

En más de 180 años de historia de Bolivia, jamás un gobierno estadounidense ha actuado en Bolivia con verdadero altruismo. Washington ha velado por sus intereses en suelo boliviano utilizando a dictadores militares o políticos corruptos (Banzer – Sanchez de Losada), pisoteando los derechos humanos de los propios bolivianos. Y si ha logrado todo esto, ha sido con el apoyo de la burguesía local.

Ese “nosotros somos altos y somos gente blanca y sabemos inglés” también tiene una dimensión política que se manifiesta en el espejismo de la autonomía. No puede haber autonomía si primero no somos iguales en derechos humanos, en derechos sociales y económicos.

Lo que el referéndum de la oligarquía cruceña quiere hacer aprobar no es la autonomía, es la balcanización de Bolivia. Marinkovic, Costas y Quiroga no hacen otra cosa que crear las condiciones para una guerra civil sobre los recursos naturales en Bolivia. Los intereses que ellos defienden son los de las grandes corporaciones gasíferas y petroleras.

Son estas transnacionales las que ya hundieron a Bolivia y Paraguay en 1932 en lo que fue la primera guerra por el petróleo en la región. Ya en esas circunstancias, fueron indígenas aymaras y quechuas los que dieron la vida por defender los recursos petroleros en Santa Cruz.

Hoy son esos mismos intereses los que quieren poner fin a Bolivia como país. El actual embajador estadounidense en La Paz, Philip S. Goldberg, es el mismo que vigiló los intereses de Estados Unidos durante la división de la ex Yugoslavia, el país de origen de la familia de Branko Marincovic. Y no cabe la menor duda que será Estados Unidos el primero en reconocer el referéndum de Marinkovic, Costas y Quiroga.

En el fondo, el poder no está ni en el Palacio Quemado ni en la Prefectura de Santa Cruz. El poder no lo tiene ni Evo Morales ni Branco Marinkovic. El poder está en el pueblo y en aquellos actores, símbolos o instituciones en los que el pueblo invierte esta significación.

El poder está en el pueblo y en sus acciones colectivas. Ante el espejismo de la autonomía, ante el neoliberalismo disfrazado de cruceñismo, ante los tres tristes tigres del imperialismo, Marinkovic, Costas y Quiroga, queda una de las herramientas más hermosas en el arsenal democrático de los pueblos movilizados: el boicot a su referéndum. Y que viva Santa Cruz sin capataces.

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Identidades ajenas

    De identidades ajenas a una Abya Yala abierta

Xavier Albó (*) - Bolpress
La identidad de lo que ahora llamamos Latinoamérica o Iberoamérica sabe todavía demasiado a ajena y sigue reflejando los malentendidos de la Colonia y de nuestro surgimiento como estados modernos.

Sud AméricaHistóricamente la primera tergiversación ha sido habernos denominado América, como si nuestra identidad dependiera de un geógrafo italiano. ¡Su mapa echando humo sobre nuestra historia profunda!

Ahora este nombre América ha sido además apropiado para sí por los Estados Unidos del Norte para expresar su identidad nacional: “The great American Nation”. Vergonzantemente nuestra identidad pareciera ser los subalternos del Norte, como ironizó ya hace años el humorista Perich: “Lo malo de América del Sur es que es del Norte”.

Para remediarlo, se nos han adherido calificaciones:
España nos llamó Hispanoamérica. Después fuimos Iberoamérica, para que el Brasil encajara mejor. Y los propios norteamericanos nos rebautizaron Latinoamérica, aunque poco latín hablamos…

Por fin, tardíamente, hemos vuelto a recordar que desde bastante antes de que naciera Américo y de que nos bautizaran América y nos apellidaran hispanos, iberos o latinos, aquí ya había numerosos pueblos originarios con sus florecientes e inéditas civilizaciones, como documenta el apasionante libro “1491” de Charles Mann (México y Nueva York 2006).

Para referirnos a ellos, hemos inventado otro nombre:
Indoamérica o Amerindia. Tiene ya un toque de contrapunto contestatario frente al énfasis en vernos sólo como hispanos, iberos o latinos. Pero encarama un malentendido sobre otro.

Al quid pro quo de ‘América’ se añade ahora el de ‘Indo’, consagrando el viejo error de Colón. América venía prestado de Italia y, ahora, este Indo nos hace de la lejana India. Al menos el movimiento Afroamericano sí acierta en que este otro componente importante de nuestra realidad fue arrancado a la fuerza de su África ancestral.

Siguen siendo muchos millones: unos, tataranietos de los primeros ocupantes de esta tierra; otros, de los que fueron arrastrados acá con cadenas. Ambos, reducidos a mano de obra barata de los señores y patrones llegados de Europa.

Todos ellos, activos y sin ganas de morir, como declararon cinco siglos después cuando sus representantes, llegados de todo el continente hasta Quito acordaron festejar también aquel cercano y controvertido 12 de octubre pero con su propio lema: “500 años de resistencia”.

Siguen reconociéndose como naciones y reclamando que los estados actuales no se asusten de este reclamo, que no cuestiona tampoco al Estado-Nación.

¿O será mejor sedarnos con esa media verdad de que todos conformamos ya la bella América Mestiza?

Que hubo mestizajes, claro que los hubo y de todo pelaje, primero el biológico y después también el cultural.

Pero a éste siempre se lo va canalizando hacia una sola dirección:
La de blanquearse. Porque la batuta del poder y la exclusión racista la llevaron y siguen llevando los blancos con su cohorte de blanqueados. Rarísimo es el mestizaje “al revés”, hacia lo indio, que hace poco reclamaba el aymara Felipe Quispe.

Por eso en los censos del Brasil los negros se siguen camuflando en pardos y las exuberantes negras danzantes ya sólo son mulatas. Por no hablar del dictador Trujillo en la República Dominicana, quien –otra tergiversación inaudita– decidió que los negros de su país eran “indios” pues sólo los de Haití podían ser negros.

En el Perú el “indio” (léase, originario) pasa a ser serrano o campesino; y, en su último censo, toda referencia a lo indígena y originario, incluidas las lenguas, ha sido extirpado como peste.

Décadas atrás el mexicano Guillermo Bonfil Batalla ya había descalificado ese tipo de manipulaciones censales como “etnocidio estadístico”. Era parte del proyecto político mestizo de la revolución mexicana, secundado después en otros países, en que para poder ser plenamente ciudadanos los indígenas tenían que reducirse a campesinos. Un proyecto que también allí ha sido después cuestionado con fuerza desde Chiapas.

En todo esto se oculta, por tanto, otra falacia más sutil. Tras este aparente equilibrio igualador del proyecto mestizo, se siguen mimetizando viejas dominaciones excluyentes, que obligan a los excluidos de siempre a invisibilizar sus identidades profundas para poder abrirse camino.

Lo paradójico es que los precursores de nuestra independencia fueron los negros de Haití, tan admirados por Bolívar, y en los Andes, Tupaj Amaru y Tupaj Katari, que por su osadía acabaron cuarteados por cuatro caballos españoles.

Pero esos pedazos de su cuerpo mártir, repartidos como escarmiento por diversas poblaciones –la cabeza ahí, la pierna izquierda allá y la derecha acullá– se transformaron en testimonios proféticos que pronto estimularon la rebelión de los criollos y mestizos, quienes al final lograron la Independencia.

Pero una Independencia capada, porque pretendieron construir nuevos estados sin raíces originarias, herederos neocoloniales de la Colonia.

¿Será irremediable eso de seguirnos identificando con nombres e ilusiones ajenas? ¿No tenemos raíces propias en esta tierra?

Los grandes profetas suelen salir de cuna humilde:
Cristo en un corral de Belén; el nieto de esclavos Martin Luther King en la otra America; Mandela en la Sudáfrica del apartheid; el Dalai Lama que se va reencarnando en algún niño del último rincón; o –más cerca de nosotros en el tiempo y el espacio– el obrero Lula y Evo, el pastor de llamas, ambos formados en la lucha y no en sofisticadas pero ajenas universidades…

Son también ahora nuestros pueblos originarias, cinco siglos marginados, los que, con sus persistentes reclamos, nos dan pistas para reencontrarnos y reestructurar todo nuestro continente, primero para agarrar y calar hondo en nuestro propio suelo y raíces, enseguida para aplicar bien tantos injertos de otras partes en este tronco robusto, con ese pegamento clave que es el fomento de una amplia y respetuosa interculturalidad en nuestras actitudes y en la ingeniería política y social de nuestras instituciones.

A este sueño de un nuevo continente posible, todos estos pueblos ya han coincidido en darle un nombre mucho más sugerente: Abya Yala. Así llamaba desde siempre el pueblo Kuna, de Panamá, a todo lo que se expandía más allá de su territorio.

Abya significa la virgen ya madura y lista para ser fecunda; y Yala es territorio. Que así sea pronto en este nuestro territorio y nueva patria grande posible, incluyente de todos y con unas ramas que se extiendan por todo el mundo repletas de frutos.
(*) El autor es jesuita, antropólogo e investigador de CIPCA

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Bolivia en la encrucijada

    Bolivia en la encrucijada

Sergio Ferrari - Rebelión
Evo Morales presidente bolivianoA veintiséis meses de su victoria electoral de diciembre del 2005, Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS) viven uno de los momentos políticos más complejos de su mandato. La creciente polarización político-social boliviana dibuja un laberinto con salidas complicadas. En el cual, la dinámica de una Latinoamérica mayoritariamente solidaria se ha convertido en una de las principales fuentes de oxígeno para el Presidente Morales.

El 18 de diciembre del 2005, Evo Morales, dirigente campesino de raíces indígenas, obtuvo la victoria electoral, contando con el apoyo de un 54 % del electorado e instaurando así un Gobierno progresista en este país andino.

“La legitimidad acumulada por el Movimiento al Socialismo (MAS) permitió iniciar un proceso de cambios que intentaba dar respuesta a una grave crisis del Estado”, enfatiza Jorge Komadina, prestigioso analista político boliviano del Centro de Estudios Superiores (CESU) que depende de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

Sin embargo, ese mismo día, recuerda el analista, en las elecciones de Prefectos de Departamentos -una suerte de cantón o provincia- el MAS perdió en seis de las nueve regiones del país. Y, adicionalmente, la oposición política ganó la mayoría en la Cámara de Senadores.

Siete meses más tarde, a inicios de julio del 2006, la elección para nombrar una Asamblea Constituyente dio la victoria al partido de Evo Morales, pero sin lograr el 2/3 de los delegados necesarios para aprobar las reformas constitucionales.

En ese mismo momento, los departamentos de Santa Cruz -centro financiero del país- , Beni, Pando y Tarija, aprobaron un referéndum autonómico que fortaleció al actual movimiento que se opone frontalmente a Evo Morales.

En suma, “las elecciones de diciembre del 2005 - y los acontecimientos políticos de los meses posteriores- ha creado una figura de gobierno dividido, que podría tornarse en una situación de poder dual en caso de profundizarse la actual tendencia” señala el analista.

DOS BLOQUES ENFRENTADOS
Lo que caracteriza la actual realidad boliviana, en síntesis, ” es la existencia de dos proyectos políticos confrontados que se disputan el poder político y el dominio de los recursos naturales” enfatiza Komadina.

Por una parte Evo Morales - reforzado por su propio carisma y liderazgo-, el MAS, y una serie de sectores populares y de clase media, que apoyan al actual proceso de cambio. Por otro, la oposición política encabezada por los partidos PODEMOS y Unidad Nacional; los sectores privilegiados, especialmente terratenientes, que históricamente han detentado el poder económico y el denominado Movimiento cívico regional, que desafía cada vez más al Gobierno Morales apropiándose de la bandera autonómica.

“Ambos bloques cuentan con legitimidad electoral, con respaldo social y están investidos de legalidad”. Se consta una especie de “empate” en la relación de fuerza a nivel nacional, precisa.

Empate marcado por un hecho no menos esencial: “la violencia simbólica y la estigmatización del otro, del rival, del adversario político, ha profundizado cada vez más el antagonismo en la vida nacional”.

En ese marco, el laborioso proceso de la Asamblea Constituyente, impulsado durante más de un año, acaba de llegar a su fin con un nuevo texto de Carta Magna, aprobado sin haberse logrado un real consenso nacional y desconocido por los sectores anti-Morales.

Lo que conduce a la Bolivia actual a un callejón sin salida, donde la convocatoria de nuevos referendos, tanto para la Constitución como para las autonomías departamentales, aparece como una posibilidad cercana. Sin asegurar, sin embargo, que los mismos puedan relajar el tenso clima político que podría dar lugar a explosiones y nuevas confrontaciones a corto o mediano plazo.

HACIA EL FUTURO
Si de analizar la compleja situación actual se trata, “constatamos que Bolivia vive un momento de transición histórica. El ciclo neoliberal (1985-2000) está agotado, pero el nuevo orden no termina de nacer”. Con el agravante, que el proceso de reforma política se “encuentra bloqueado”, enfatiza Komadina.

Esos dos proyectos de poder se “disputan el sentido y la orientación de las transformaciones y la lucha por el poder político es intensa”, acota. Y aunque las fuerzas en disputa son equilibradas, “ninguna de ellas puede someter o seducir a la otra”.

Y en este marco, mirando al futuro cercano, el estudioso universitario diseña dos escenarios posibles: el de la confrontación o el del acuerdo político.

El primero, si la actual lógica política sigue imperando. Si los dos bloques -Gobierno y oposición- se acusan mutuamente de ilegalidad y si, en caso de concretarse los referendos previstos para mayo próximo, los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija aprueban sus estatutos autonómicos.

El segundo, el de la negociación, en el caso en que el Gobierno y la oposición lograran un acuerdo político e intentaran compatibilizar el proyecto constitucional con los estatutos autonómicos. Realizándose una votación simultánea que logre un amplio respaldo de la ciudadanía.

Y si, en ese mismo marco, el Congreso -parlamento- lograra consenso para reorganizar la Corte Electoral y el Tribunal Constitucional, dos importantes poderes del Estado hoy casi infuncionales.

“Escenario difícil si se analiza la actual dinámica que vive el país”, argumenta Jorge Komadina. Pero vital para asegurar una opción negociada que excluya la confrontación violenta. La iniciativa de Evo Morales en la tercera semana de marzo de solicitar la mediación de la jerarquía católica, perfila un esfuerzo adicional para destrabar la crisis.

El significativo y explícito apoyo de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos - desde Cuba y Venezuela, hasta Ecuador, Brasil y Argentina- a Evo Morales constituye otro elemento de peso en esta delicada coyuntura.

Momento complejo, laberinto de difícil salida, donde, sin embargo, parece continuar habiendo, espacio para un relativo optimismo. “Sigo siendo optimista desde la voluntad, aunque no siempre se puede ser demasiado optimista desde la razón” y desde el racional análisis político, concluye Jorge Komadina.

*desde Cochabamba, Bolivia Colaboración E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria que cuenta con una decena de voluntarios en Bolivia

“LA CONSTITUYENTE, UN ESPACIO PROPOSITIVO”
“El proceso constituyente ha brindado un escenario ideal de construcción de ciudadanía para muchos sectores sociales postergados y entre ellos para las mujeres”, enfatiza Cecilia Estrada, Directora del Instituto de Formación Femenina Integral (IFFI).

Desde la diversidad, “nos hemos apropiado de un conjunto de prácticas y conocimientos valiosos”, enfatiza, desmintiendo el argumento de sectores opositores “que quieren hacer creer que la nueva constitución es sólo el resultado de una creación del MAS”.

Una de las realizaciones más significativas de ese proceso acumulativo, fue la creación del Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia, que reunió a casi una cincuentena de organizaciones femeninas y feministas. Del debate a su interior nacieron numerosas propuestas en defensa de los derechos de las mujeres, las que se desparramaron a lo largo del nuevo texto constitucional.

“Casi un 90 % de nuestras propuestas fueron integradas a la nueva Constitución…lo que implica una importante victoria para nosotras”, explica Cecilia Estrada.

Sin embargo, la batalla no está totalmente ganada. El hecho que “se hayan convertido en texto no significa que luego serán realmente respetadas en la vida cotidiana”. Con el riesgo adicional, siempre presente, “que en momentos de tensiones y negociaciones políticas, todo lo que hace a nuestras reivindicaciones de género pase a ser considerado como de importancia secundaria”.

“Nos queda claro que hay un largo trecho a recorrer hasta lograr que los derechos y planteos consignados en la nueva Constitución no se limiten a su expresión formal y encuentren condiciones para ser activamente ejercidos…”, concluye.

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Evangelio de Liberación

    EL EVANGELIO A PRUEBA DE BALAS
    Rememoranza de Luis Espinal Camps, apóstol de la Iglesia boliviana de Liberación, torturado y asesinado por el fascismo

Redacción de Econoticiasbolivia
Rev. Padre Luis Espinal CampsNunca hubo en la ciudad de La Paz, la sede de gobierno boliviano, un entierro tan concurrido y multitudinario como el del 23 de marzo de 1980.

Una procesión negra de miles se descolgaba de las laderas, otros se deslizaban de los cerros, hombres y mujeres de toda edad y condición social venían de las villas y de los barrios “bien”.

Lloraban los viejos, rezaban las señoras de abrigos finos y las de pollera que cargaban a sus “guaguas”. Los jóvenes, roncos de tanto gritar, levantaban los puños, pancartas y banderas rojas.

La Paz estaba llevando al cementerio a Luis Espinal Camps, sacerdote jesuita y mártir de la Iglesia boliviana de Liberación.

“Ha muerto el padrecito Espinal”, “han asesinado a Lucho”
La noticia corrió de boca en boca y una multitud fue a rescatar su mutilado y brutalmente torturado cuerpo, que había sido abandonado en las afueras de la ciudad pocas horas antes por un grupo de paramilitares, que meses después pasarían a degüello a cientos de bolivianos durante el golpe militar del dictador Luis García Meza.

“El evangelio vivido con autenticidad es incómodo y amenazante, sobre todo para los poderosos, los que valoran más a las cosas que a las personas.

La noche del 22 de marzo, Lucho fue secuestrado, llevado en un jeep, torturado en un matadero por cuatro horas y finalmente asesinado con 14 balazos, los asesinos le marcaron a culatazos una cruz amoratada en el pecho”, recuerda el también jesuita Alfonso Pedrajas.

Pero, ¿qué había hecho este sacerdote nacido cerca de Barcelona, España, en 1932, para merecer tanto odio?
Desde su llegada a Bolivia (1968), Espinal “supo practicar el Evangelio a través de la denuncia y la acción profética de injusticias y violencia, las más evidentes y también las más solapadas, supo hacerlo con valentía sin falsas prudencias, estando inmerso en el pueblo que luchaba por sus derechos”.

Lucho había fundado, junto a otros sacerdotes y laicos, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en 1976, en plena dictadura de Hugo Banzer.

Con otras cuatro mujeres mineras y el sacerdote Xavier Albó protagonizó la huelga de hambre más espectacular de la historia boliviana.

El ayuno de 17 días logró una amnistía para los presos políticos, el retorno de los exiliados y la posterior renuncia del Presidente de la República.

Recuperada la democracia (1978), Espinal funda en 1979 el semanario de izquierda “Aquí”, que tiene una notable influencia y predicamento entre la población.

La denuncia de los crímenes y negociados de la dictadura, las injusticias y el dolor del pueblo y la búsqueda de un mundo mejor para los de abajo marcan la agenda de la publicación, leída por jóvenes y viejos. “Aquí” despierta conciencias, interpela actitudes y fortalece el movimiento popular.

Las fuerzas reaccionarias, agazapadas en los cuarteles, se la tienen jurada y con cada nueva denuncia del semanario de Lucho, crece el odio y los deseos de venganza, que finalmente se consuman el fatídico 22 de marzo de 1980: Espinal tenía que pagar el precio de vivir el Evangelio de Liberación.

“Lucho nos deja el ejemplo de un amor auténtico a Cristo y, en sus propias palabras, de saber gastar la vida por los demás”, dice Pedrajas.

Un clavel rojo y un ramillete de retamas silvestres acompañan todos los días la tumba de Espinal en el cementerio central de La Paz.

El pueblo no lo ha olvidado, su verbo encendido y su melena blanca siempre se cuelan cuando los de abajo claman por un pedazo más de pan, cuando se lucha por la dignidad y los derechos humanos.

En las movilizaciones sociales, no falta casi nunca la misma pancarta de hace más de 20 años: “Lucho vive, la lucha sigue”.

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