Vergüenza, angustia y confusión

No somos asesinas ni asesinos, amamos el país y luchamos para el ‘Vivir bien’ en Bolivia

Julieta Paredes / katari.org
Si causó extrañeza que la derecha se presentara dividida, es importante entender las estrategias electorales de quienes no tienen ningún escrúpulo en manipular las decisiones de los pueblos.

¿Qué van a decir ante la vergüenza y la violencia del golpe fascista, que tiene como evidencia 35 muertos, más de 1.000 heridos, muchas personas apresadas sin orden judicial, militantes del MAS y del proceso de cambio perseguidos, censura en los medios de comunicación, militares y tanquetas haciendo gala de gritos listos para matar en las calles?

Las anteriores son una muestra de la violencia dictatorial en la cual nos ha sumido el alzamiento racista de ciudadanas y ciudadanos cargados principalmente de odio contra los indios.

Es lamentable la angustia existencial que causa el racismo en derechistas conservadores, en izquierdistas y trotskistas, en ecologistas y ambientalistas, en feministas, en miembros del colectivo LGBT, en vecinos y vecinas que se creen blancas y que ven con profunda angustia —repito— que los indios (y peor las indias) demuestren capacidad.

Los sentimientos adversos crecen más cuando (demostrando capacidad, eficiencia y creatividad, en un proceso político de construcción del autogobierno) estos mismos indios e indias han cometido errores y en algunos casos, delitos.

Los errores son multiplicados y los delitos son considerados los más grandes de la historia.

No creo que debamos dejar pasar como si nada los errores y delitos de nadie; pero tener una visión purista o creerse los puros e inmaculados de la historia les ha llevado a los derechistas conservadores a un momento de confusión al momento de tener que elegir entre Luis Fernando Camacho, de la extrema derecha; Carlos Mesa, el caballero derechista; o Jeanine Áñez, la doncella en apuros, rodeada de príncipes fascistas que deciden por ella. Ninguna de estas opciones le da seguridad ni estabilidad al país.

Las pititas así como nosotras y nosotros, que somos del proceso de cambio, hemos visto los errores y delitos cometidos en el anterior Gobierno, pero siempre hemos apostado por corregirlos en un proceso de diálogo y presión social, sin necesidad de golpe dictatorial y masacres.

Claro que veíamos que se estaba abandonando la fuerza y la energía revolucionaria de nuestros ancestros. Claro que se dejaba al último a las mujeres y a nuestras necesidades. Y ni qué decir de la madre y hermana naturaleza y el avance de la frontera agrícola.

Hemos visto con rabia las concesiones al capitalismo y el crecimiento horroroso de la banca privada. Pero estábamos y estamos construyendo desde dentro de un proceso de cambio; no somos asesinas ni asesinos, amamos el país y luchamos para el Vivir bien en Bolivia.

¿Por quién van a apostar?
¿Por el caballero Mesa que, como Pilatos, se limpia las manos en la polera y gorra de Camacho?
¿A la doncella rodeada de enanos que no tienen respeto por la vida ni tampoco miedo a robar y encarcelar?
¿O vamos a apoyar la reconstrucción y recuperación de un proceso de cambio revolucionario para el Vivir bien de todos y todas?

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