La caída de las pititas en Bolivia

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LA CAÍDA DE LAS PITITAS

Por: Franco Limber / katari.org
Este escrito mostrará algunos rasgos del comportamiento de las “pititas” en el poder, de cómo interactuaron bajo la presión, la disputas y la correlación étnica de sus integrantes, es necesario debelar estos detalles para interpretar su rol en la historia boliviana, parte de las acciones de este grupo violento estuvieron dominadas por la necesidad de mantenerse en el poder político, acaparando espacios de decisión, a la vez, este comportamiento tiene un cimiento en el legado de la cultura y tradición política boliviana, muchas de estas son las razones por la actual perdida de sus privilegios y su irrisoria forma de actuar.

El rol de la elite “pitita” en tiempos del coronavirus ha sido una desgracia para el pueblo boliviano, para la mayoría humilde, eso ha ocasionado que muchos de sus propios integrantes se decepcionen de ese proyecto efímero, las “pititas” en el gobierno han dado paso al saqueo de recursos económicos.

En el movimiento de las “pititas” hay individuos que no han podido gozar de esos beneficios y han quedado fuera del goce de recursos que la administración del Estado ofrece, esto permitió que aliados momentáneos se conviertan en enemigos, a la vez, las “pipitas” de “buena fe”, que buscaron un real cambio de la administración se sintieron desilusionados por las características del gobierno transitorio.

1.- Control del poder, dentro del seno “pitita” hay quienes se han hecho del poder en el gobierno, una pequeña minoría política cuya representación democrática es pequeña, es la que ha tomado por asalto el control en el destino de los bolivianos.
El Estado representa para todas las elites una fuente enorme de recursos de fácil acceso del cual favorecerse, los “pititas” que estuvieron conscientes de su fugaz permanencia en el gobierno se han dedicado a la extracción acelerada de bienes del Estado, varias de las plataformas que en primera instancia estaban unidas, luego se encontraron divididos, en tiempos electorales tienden a buscar y venderse al mejor postor, a quien pareciera una mejor opción.
Varias de las plataformas juveniles que apoyaron al gobierno en su periodo inicial, han pasado progresivamente a buscar mejores opciones para intentar gozar de la política, su carencia en la ideología y su insignificante propuesta al desarrollo de la nación evidencia la miseria de la clase política, tanto en nuevas y antiguas generaciones.

Ya que los recursos y espacios de poder son limitados, las “pititas” empezaron a disputarse el poder político, se enfrentaron entre ellos, luego de la resaca triunfal, los peores rasgos de la política criolla, regionalismos, racismo, clasismo, emergieron como un fantasma, entre “pititas” fue prioridad intentar desprestigiar al adversario, las “pititas” en el gobierno cuidaron su posición preferencial, por ello destruyeron las potenciales “pititas” rivales.

Esto sucede en todos los estratos, desde las vulgares plataformas de “resistencia y democráticas”, a las elites que se posicionan en cada sector del país, los grupos de poder son diversos y heterogéneos, se valen de estrategias para destruir al oponente y convertirse en la única fuerza política.

2.- Pugnas por el poder entre las “pititas”, estuvieron caracterizadas por tomar el poder por medio del clientelaje, sobornos y prebendas, no ha cambiado nada en la forma de realizar sus acciones políticas, difamar a sus oponentes, no solo al MAS, sino entre miembros del seno de su movimiento racista, al ser un movimientos carente de ideología, las disputas son visibles, las pititas usan mentiras, redes sociales y medios de comunicación para erosionar las figura de su oponente.

Los “pititas” se han regionalizado, las facciones más conservadoras se han anclado en el oriente, medios como el DEBER encabezan estos sectores tradicionales y hostiles al occidente boliviano, a la vez, “pititas” más progresistas propensos al posmodernismo paceño se asientan sobre medios como La Razón, y sobre todo Página Siete, ambas estuvieron injertas en la administración transitoria, la intensidad ideológica democrática solo fue un discurso trivial para hacerse con el poder, en el momento de la gestión esas características desaparecieron para debelar una fuerte necesidad de control para beneficiarse económicamente.

Los “pititas” no fueron un proyecto de país, este movimiento fue la reunión de elites, plataformas y ciudadanos comunes cuyo objetivo era derrocar al gobierno de Morales, varias de sus demandas estuvieron justificadas, denuncias de irregularidades de la pasada gestión era real, pero las elites “pitita” han sepultado su propio movimiento, en su afán de beneficiarse económicamente de los recursos del Estado, derrumbando las esperanzas de un cambio en la sociedad, la realidad de los pititas es que se convirtieron en peores administradores del gobierno, teniendo en cuenta el tiempo en el poder, sacaron a la luz la miseria de la clase política, el descaro para el saqueo y las peores mañas para  mantenerse en el poder en detrimento del pueblo boliviano.

Las “pititas” son un movimiento que, no solo se dedican a destruir a su enemigo inmediato: el MAS, sino que entre “pititas” estuvieron urgidos por satisfacer sus profundas necesidades materiales. El discurso “pitita” es un engaño teniendo en cuenta los hechos, los cambios de la sociedad del que hablan son ilusorios, un ambiente autoritario, corrupto y clientelar es la que se respiró con mayor intensidad respecto a los pasados gobierno.

Los “pititas” se ha encargado de destruirse a ellos mismos, ya no son un movimiento creíble ni respetable, como no han podido satisfacer las necesidades particulares de todos sus militantes, estos se han volcado a criticar el actual régimen, incluso muchos han retornado al MAS, arrepentidos de su infortunada decisión.

En síntesis, el “pitita” utiliza las mismas estratagemas para desprestigiar al MAS como para destruir a sus rivales en el seno del mismo movimiento racista, lo más seguro es que al verse superados por el MAS, vuelvan a congregarse, la legitimidad política que no han podido conseguir con la democracia, la intentaran retomar con violencia, generando un escenario de conflicto peligroso.

Las pugnas entre “pititas” solo pueden entenderse en estos términos, dinero, poder, jamás discrepan en la ideología, sus intelectuales se encargan de escribir un calco de ideas y experiencias para fundamentar las acciones de las elites, escritores “pititas”, intelectuales jailones siempre lo hacen de la mano de mecenas, su pluma plasma en papel los deseos de su señor: ONGs, fundaciones, instituciones del gobierno, todas estas se encargan para concretar ese fin.

El “pitita” odia al escritor que escribe en favor del pueblo humilde, del escritor que nace de la cuna india, de quien no se vende, jailones de izquierda y derecha buscan destruir al indio que escribe para liberar a sus pares, aunque también hay indios que son funcionales a este movimiento.

3.- El indio pitita, aunque este movimiento está formado en su mayoría por sectores blanco-mestizos, se puede hallar indios que por diferentes razones hacen parte de él, por lo general como masa, sin decisiones, sin pensamiento, estos indios han perdido su ligazón con su identidad étnica, se volvieron cholos que desprecian su origen indígena, se asumen como mestizos por el simple hecho de vivir en la urbe, muchos hijos de migrantes son parte de este movimiento quienes se han sumado por el odio a un partido, en el proceso pretenden negar su identidad, pero les es imposible cambiar su rostro pétreo y cobrizo.

El indio “pitita” no es líder, es siervo, por ejemplo, Rafael Quispe, un indio notable de este movimiento es utilizado como imagen folclórica, banalizan el racismo con su figura, este indio no ordena, solo obedece, carece de ideología, es práctico, puede traicionar a su pueblo por dinero, no tiene valores ni principios; es el arquetipo del indio sumiso, para el “pitita” jailon no es más que un arlequín manipulable, nunca será su amigo, cuando este ya no les sirva lo desecharan sin remordimiento, ese es el indio “pitita”, carente de honor, de amor a su nación india.

Varios “pititas” indios que han sufrido persecución por el gobierno de Evo Morales se pasaron a filas del régimen transitorio, pensando que recibirían un puesto relevante se vieron defraudados, han palpado el racismo del gobierno golpista, aun así, sumisos siguen leales a un barco que se hunde en corrupción, represión, violencia, estos indios son muy obedientes, los obligan a luchar en contra de sus pares, indio contra indio, mientras el “jailon pitita” vive en la tranquilidad de su hogar carente de necesidades.

El “jailon pitita” no tiene amistad con estos indios, los utilizan como carne de cañón, como esta todavía de moda, todas las facciones “pititas” buscan integrar indios a sus filas para ganar simpatía con la masa india, les ofrecen trabajos, algunos centavos, y como el indio es pobre con facilidad ingresa a estas plataformas, algunos indios “pititas” jóvenes buscan algo de fama, pero no tienen espacio, cuando hay temas indígenas solo ahí pueden hablar, pero su voz es insignificante.

4.- Una ilusoria rebelión “pitita”, no es una revolución democrática, solo fue una pugna de poder entre elites políticas, una forma sencilla de observar esta sentencia es: no ha cambiado en absoluto la institucionalidad del Estado, la corrupción, el clientelaje, la cultura del miedo, del terror, el racismo, la discriminación, abuso de poder son iguales o perores que en el gobierno del MAS; no ha cambiado nada, una revolución infiere cambios transcendentales, con el gobierno de Áñes los peores males de la cultura política boliviana se han intensificado.

La rebelión “pitita” nunca existió, fue una transición de mando irregular que en el fondo fue un recambio en el manejo del poder político, las elites conservadoras retomaron el control de las instituciones, asumiendo victoria, armaron un circo mediático para aparentar un cambio de visión, y se animaron a buscar su prolongación en el poder, pero esta elite, a la cabeza de Arturo Murillo, empezaron a destruir ese sueño, ignorantes de la sociedad que gobernaron, hicieron todo lo contrario para ganarse su apoyo, al no tener legitimidad, al ser un gobierno de facto, un gobierno que no tiene un solo voto de apoyo, empezaron a saquear las arcas del Estado, la única revolución que hubo de este movimiento “pitita”, es la revolución de sus bolsillos.

El punto central de las pugnas entre las “pititas” es la asignación del saqueo sistemático de recursos del Estado, cuando hay pugnas por el dinero empiezan a dividirse en facciones, entre quienes recibieron dinero y los que no, como carecen de ideología empiezan a batallar entre ellos, en las redes sociales se pudo percibir “pititas” vs “pititas”, vieron la necesidad de pelear por sus diecisiete días de violencia, creen tener derecho a una tajada, las “pititas” y su movimiento no fue una lucha por reivindicaciones democráticas, por cambios institucionales, este movimiento asaltó el poder para beneficiarse en lo más posible del sudor ajeno, el del pueblo, ello es innegable.

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